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El cielo escupió primero
gotas minúsculas sobre la tierra.
Lloró sobre los tejados,
dejó un aviso discreto
rodando por los cristales.
Una columna
de aire enfurecido
se elevó, después, sobre las cosas;
desnudó los arbustos con vehemencia,
dobló los troncos de los árboles,
sacudió sus copas vacías
como cabellos al viento,
descargó el mundo de moscas,
abejas y mariposas.
Se llevó consigo todos los nidos.
Hizo que el agua inundase las casas.
Dejaron de cantar los pájaros,
incluso después de la tormenta.
Todo quedó en silencio,
para siempre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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