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El aire es naranja y huele a fuego;
la vida insiste en vestirse de incendio.
Cada vez más, cierro fuerte los ojos
e imagino que estoy muy lejos.

Cuando el dolor acabe de doler
y las heridas se cierren como velcro
y el recuerdo sea leve
y pasajero
como el humo,
volveré a sonreír, espero,
frente al mismo estanque
donde jugaba a solas,
siendo niño.

 

 

 

 

 

 

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