609

Todos veían la televisión en la cocina.
Daban grandes voces, reían, llamaban
a sus hijos entre carcajadas y alaridos.
Decían: ¡Mucho cuidado con lo que hacéis!
y toda esa clase de cosas que se suele
decir a los niños cuando son pequeños.
Y, luego, volvían a sus asuntos.

Bebían vino, brindaban con vasos de
cristal grueso. Se oía ruido de tenedores
mientras la música de los anuncios y
las voces del televisor daban calor
y ambiente a la escena doméstica:
«Si encuentra algo mejor, cómprelo».
«Si encuentra algo mejor, cómprelo».

Tú corrías a esconderte bajo la cama
de la habitación de invitados, la última
de la casa, intentando huir del bullicio,
pero era imposible. Querrías ser invisible
y salir volando por la ventana, igual que una
pluma, hasta llegar al suelo, y echar a correr
como una ardilla huyendo de los campistas.

Pero era imposible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios