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Abrazo el dolor lentamente
y el dolor, lentamente, me abraza.
Me bebo sus espinas, le entrego mi espalda,
camino despacio al ritmo de sus rodillas secas.
Le consuelo, también, sin que el dolor lo pida.
Escucho triste y callado sus historias viejas.
Son viejas historias plagadas de cuentos.
A veces, el dolor es conservar un recuerdo.
A veces, el dolor es inventarse el resto.
Lo observo ausente, mirando al vacío,
con la sonrisa blanda de un muerto reciente.
Sospecho que él seré yo cualquier día,
tal vez mucho antes de lo que pienso.

 

 

 

 

 

 

 

 

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