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Tus manos acarician mis brazos,
dan sentido a mi espalda, delimitan mi nuca,
deshacen tempestades, dibujan como un mapa
cada esquina de mi cuerpo,
se deslizan por mi piel igual que nubes
arrastradas por el viento de nordeste.
Tus ojos anidan en los míos
buscando la verdad como un suspiro,
buscando la verdad definitiva,
la última llave de la última puerta
de nuestro refugio eterno.
Te quiero miserablemente.
Cuando el silencio me impide dormir
recuerdo tu voz y tu voz me eleva,
leo tus cartas y tus palabras me recomponen,
cuento las horas que faltan para volver a verte
igual que un preso.

 

 

 

 

 

 

 

 

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