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Son incontables aquí los días
en que la niebla secuestra al sol,
vacía de rectas el horizonte,
engulle las casas y el rencor,
perdona los recuerdos,
ningunea a la mismísima
oscuridad de la noche.

Bajo esta niebla tan blanca,
en este cuerpo de siglos
que hoy la acoge igual
que si fuera hierba,
puedo sentirme vivo,
febril y primitivo
como un helecho
de carne.

 

 

 

 

 

 

 

 

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