601

Pude ver la luna. Anoche.
La vi salir de entre los árboles
igual que un pájaro.

Me miró a los ojos, como hacía mi madre:
Quién va a cuidar de ti ahora, quiso saber.
Dime, quién va a cuidar de ti ahora.

Ya soy mayor, le expliqué.
Sabré cuidar de mí mismo.

Se calló. Se quedó callada.
Sin mirar atrás, empezó a irse.
Se elevó sobre los árboles, sobre los edificios,
también sobre las montañas.
Sobrevoló las nubes, esquivó las estrellas.
Surcó el cielo como una
llamada telefónica.

Yo también me quedé callado,
sin saber bien qué más decir.
La dejé marchar, muy digna,
hermosa, más brillante
y sola que nunca.

Miré mis pies, cansados.
Seguían anclados al mismo
lugar de siempre.

Yo no soy como tú, pensé.
Estos pies de cemento
no pueden bailar.

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios