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De otra manera, también,
la tristeza –tan despiadada conmigo
en otro tiempo–, se volvió algo así
como cálida y cercana.

Sabiéndolo ya todo de mí,
–cada error, cada traición,
cada debilidad, cada mentira–,
calculo que sintió pena,
compasión o, quién sabe
si cargo de conciencia,
y se vino conmigo,
se quedó a mi lado, en silencio,
a hacerme compañía,
para siempre.

 

 

 

 

 

 

 

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