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Evitad a los repartidores
de periódicos gratuitos;
sólo buscan ensuciaros
las manos de tinta.

Huid de las enfermeras gordas y solitarias
que sólo palpan vuestro antebrazo
para sentir el tacto de otro cuerpo.

Compadeced a las mujeres altas y bellas
que se permiten trataros con desdén
porque alguien se lo consintió
alguna vez.

Sed indulgentes con la crueldad y la mentira,
los mentirosos y los crueles ya tienen bastante
con vivir en las cloacas.

Ignorad las prohibiciones, las homilías,
los discursos políticos, las manifestaciones,
los concursos de jóvenes talentos,
las dietas, los crecepelos.

No os creáis nada
de lo que os digan.

Y lo más importante de todo:
no os enamoréis jamás.

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