310

Los hay que están dispuestos
a huir de la soledad a cualquier precio,
durmiendo con el televisor encendido
o dejándose caer en brazos del primer
ser humano con que se tropiezan.

Hay desdichados también
que, por no saber, buscan el amor
en el lugar más inaudito, a la salida
de las iglesias, entre hombres y mujeres
trajeados que lanzan granos de arroz.

Y seres extraños que piensan
que conservar tradiciones y ritos
ancestrales y ridículos, como fiestas
de aniversario, es el precio que han
de pagar por sentirse acompañados.

El fin justifica los miedos
porque elimina a víctimas y testigos,
pero las pruebas sobreviven, como fatal
profecía, para advertir a los que vienen
detrás de nosotros, espuma del tiempo.

Anuncios