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La memoria se vuelve un poco frágil
alrededor de aquellos días. Supongo
que porque entonces no ponía tanto
interés en coleccionar cosas bonitas.
Pero ciertas imágenes aún perduran
con la intensidad de las descargas,
como la lluvia artificial de aspersores
regando el asfalto blando de agosto,
que lo hacía brillar como si fuese un
espejismo. Y aquel cielo ambarino,
o puede que fuese ocre, derramando
el tiempo sobre nosotros igual que un
inmenso muro de lodo, de fango lento,
que no buscaba más que sorprenderte.

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