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¿Será esto –al fin– la felicidad?

Un cielo brillante de color azul piscina
igual que un cuadro de David Hockney
–el sol en llamas, arriba en lo más alto–
atravesado por dos estelas blancas,
efímeras, como de algodón barato,
y yo, con mi diente roto,
mi estómago semilleno,
mi corazón tranquilo,
y Simon y Garfunkel
cantándome al oído:
The Only Living Boy In New York
The Only Living Boy In New York
como intentando encontrar
a toda esta soledad
que nunca busqué
su lado positivo,
su cosa alegre.

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