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Éramos como ahora,
pero mucho más jóvenes.
Como esos árboles del parque
que siempre se quieren tocar.
Pero más jóvenes.

Hoy sólo tengo enfermedad
y soledad y muerte y añoranza.
Qué poco dura la felicidad,
qué mal se lleva con
los años impares.

En mi cabeza de árbol
una vez anidaron los gorriones.
Fue hermoso sentirlos ahí arriba,
creciendo y piando, palpitando.
Fue horrible sentirlos morir
en el invierno.

Ya no soy árbol ahora, pero soy leña.
Soy leña buena, de la que tú cortaste.
Soy la leña que alumbrará,
algún día, con suerte,
algún hogar.

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