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Mi corazón no deja de latir donde no debe:
igual que una piedra, tirita dentro de mi oído.
Es alguien llamando a una puerta
que no pienso abrir.

Mi corazón respira ya fuera de mí.
Como un pez que aprendió a vivir
lejos del agua, no se cansa de salir a pasear.
Lo siento ahora en sitios donde jamás
lo había sentido. Lo siento bien.
Lo siento distraído. A veces
lo siento triste también.
Pero lo siento.

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